martes, 23 de octubre de 2007

LA BALADA DEL PAJERO Y LA GORDA

Mario Amado, más conocido como el paja, no era mal tipo. Era pajero, nada más.
De chiquito se toqueteaba a pesar de la estricta educación católica que le daban en casa. En su adolescencia recibió unos cuantos cachetazos cuando lo encontraron mirando una foto de Moría Casan, mientras, como quien no quiere la cosa se ahorcaba la gallinita. Por aquellos años acuñó su frase célebre: la vida es demasiado corta, ya que estoy atrapado en este cuerpo, le voy a sacar provecho. Y se dedicó a la ardua tarea de levantarse minas, cosa que no le resultaba nada fácil, ya que bajo su apariencia de muchacho correcto y adaptado, se ocultaba el paja, flaquito, narigón y ojeroso. Tenía la intención de coger con cuanta muchacha se cruzara en su camino, pero no era muy encarador y cuando lo hacía soltaba las más tiernas frasecitas: Siii mamá haceme caca en un ojo y llámame pirata de mierda!
Tenía la cara hinchada y roja de los sopapos que recibía todo el tiempo.
Alguna vez tuvo una novia, una morocha de carne firme que ni él sabe como sedujo. Pero no podían concretar el hecho muy seguido por cuestiones de lugar. En la casa de ella no se podía y en la de él tampoco debido a las intervenciones maternas. Los padres suelen creer que sus hijos son seres asexuados. Con el tiempo, la morocha se cansó y lo dejó. Marito continuó arremetiendo contra su falo de manera compulsiva e inescrupulosa. Con su mejor cara de boludo, apoyaba mujeres en el bondi, en el subte, las seguía, las espiaba. Perdió un par de trabajos por su manía.
Cuando estaba en la verdulería, como ayudante, había una clienta que lo volvía loco; siempre enfundada en un pantalón ajustado a rayas verde y blanco. Una vez agarró una sandía que le recordaba aquel culito, le hizo un hueco y: si, si, tomá, mirá como te rompo bien el orto, te gusta ¿no?. A la semana de encontrar todas las sandías ahuecadas lo rajaron. Cuando era repositor en el supermercado, la supervisora lo excitaba sobremanera, hasta que una vez no pudo con su genio, se acercó muy respetuoso tratando de contenerse: -Discúlpeme señorita, por mi atrevimiento pero me siento un tanto atraído por su belleza y me vi de repente en la obligación de hacerle saber que es usted extraordinariamente hermosa.- Hay, pero muchas gracias- Dijo ella toda coqueta esbozando una sonrisa sensual, y el paja agregó: si usted me lo permite me encantaría meterle una manzana en la boca y chuparle la concha hasta que salga sidra!. De más está decir, que, con toda delicadeza a Marito lo echaron a patadas en el ojete. Luego de varios episodios por el estilo, para evitar que lo metieran preso por acosador, la madre lo internó en una clínica.
Lo tuvieron sedado, con las manos atadas varios días pero no se calmaba.
Era capaz de masturbarse sin roces. Es todo mental, todo mental, repetía.
A la semana la enfermera que lo cuidaba renunció y ahí entró en acción la Niceta.
La Niceta era una chica bastante normal, rubia de ojos celestes, labios gruesos, de cara simpática y pesaba doscientos cincuenta kilos. Fue amor a primera vista.
-Che gorda ¿Sabías que teniendo relaciones se queman un montón de calorías? vení, desatame, dale, ¿cuánto hace que no tenes un revolcón? Además no me vas a negar que coger es más entretenido que hacer régimen. Vos tenés que hacer la dieta de la garompa, dale vení, desátame. La Niceta lo miró con ternura y le desató las manos.
- Tranquilo eh! Te quedas piolita...
-Dale gorda vení...
-Yo soy gorda y vos sos pajero... Yo te voy a curar a vos- Sentenció la enfermera, que parecía un hipopótamo en celo. Tenía un delantal de color indefinido que daba la impresión de que alguna vez fue rosadito. Sucio con manchas de café y mostaza. Metió la mano en el bolsillo y sacó medio pancho. Le pegó un mordiscón ante la mirada estúpida de Marito. Un poco de ketchup cayó sobre unos enormes pechos y el paja saltó de la cama y le pegó un lenguetazo, sintiendo la tibieza de aquella carne flácida. La gorda se estremeció y sintió como se lubricaba su intimidad.
-Yo te voy a curar a vos, ya vengo- dijo. Volvió al ratito con el delantal desabotonado. Las tetas pálidas, enormes reposaban sobre la panza. Lo agarró del cuello y le mordió los labios. Le arrancó los pantalones y le embadurnó el pene que ya estaba tieso, venoso y rojo, con medio kilo de Gimonte y le inyectó un líquido verde, con una jeringa finita. Los ojos de Marito se salían de sus orbitas, despedía espuma por la boca, hervía con pasión. La Niceta era elástica y ágil a pesar de los kilos.
Lo montó de un salto. La edición ideal de esta escena sería, en cámara lenta, con la música de carrozas de fuego. Cabalgaron, sudaron y gritaron asustando al resto de los internos, pero no les importaba nada. Tuvieron un orgasmo largo, explosivo, a la gorda le salió flujo hasta por las glándulas sudoríparas. Después otro, otro, y otro más. Marito estaba agotadísimo, deshidratado, pero su pene seguía duro, en pie de guerra, mientras la gorda subía y bajaba. Al séptimo desagote de líquido seminal, el paja no pudo más y se desmayó. Soñó que se casaba con la Niceta y que tenían esos combates sexuales todos los días. Con el tiempo el empezó a achicarse con cada orgasmo, como si la gorda se lo estuviese consumiendo de a poco. Era cada vez más y más chiquito y seguían las garchadas, hasta que un día, teniendo, ya el tamaño de una hormiga, escaló con esfuerzo esas nalgas carnosas, respiró hondo y se perdió para siempre en aquella cueva marrón.
Cuando volvió en sí, La Niceta se estaba vistiendo con una sonrisa de oreja a oreja después de haber tenido ciento treinta y siete orgasmos consecutivos.
Al tiempo después de esa noche, Marito no volvió a tener una erección por meses, perdió todo interés en el sexo y le dieron de alta.
Ahora se hace llamar Mario Amado Amor y ha ganado cierta fama redactando unos lastimosos cuentos eróticos para algunas revistas femeninas. La Niceta se hizo monja convencidísima de que le vio la cara a Dios.

...................................

Che, este cuento no podría haber entrado el la famosa antología de los escritores que Garchan?

5 comentarios:

Matar a Erlan dijo...

No. No es para En Celo.
Le estás dando la razón a Rivera.

Choripanero dijo...

Gracias por el comment,
Ah... Pero...
Y quien es Rivera?
No es joda, no se mucho del mundo de los literatos...
(tu nick es gracioso, pero Erlan parece buen pibe, no lo conozco mucho...)

Choripanero dijo...

Che, igual no entendí, te gustó o te pareció una garcha el cuento?

Choripanero dijo...

Ahhh, boludo...Ya sé de que Rivera estabas hablando!
El viejo, Andrés Rivera...
Si che, ahora entendí!

Igual:
1- Rivera tiene bastante razón, nuestra generación está quemada.
Somos unos IMBERBES. Todos.

2- Como dicen que dijo el pelado facho que pone la jeta en el billete de $50:
ARGENTINO e IGNORANTE se escriben con las mismas letras.

3- Efectivamente el cuento te pareció una garcha. Y bueh...
Cada uno hace de su culo una bicicleta y deja pedalear a quien quiera.

Seguro que ustedes escriben mucho mejor...

Me voy a dedicar a otra cosa.

Anónimo dijo...

que hace mi guitarra en las fotos!!!